Por qué no se debe de pagar un tratamiento dental por adelantado

Actualizado: may 10



Las costumbres de los españoles han cambiado mucho desde que empezamos a trabajar en el campo de los servicios dentales. En los años ochenta era impensable en España pagar con tarjetas de crédito en cualquier clínica dental, incluso en Madrid.


Empezó a cambiar la mentalidad de los pacientes cuando una conocida red de franquicias introdujo el sistema de pago financiado por créditos a los tratamientos dentales. Nadie en la profesión dental auguraba que este sistema tuviera éxito, ya que se conocía de primera mano que los pacientes no querían endeudarse a largo plazo. Nos equivocamos totalmente. Los españoles nos endeudamos hasta las cejas.


Sencillamente los tiempos cambiaron por aquellas fechas. El televisor no se pagaba al contado como en los años 70 sino que se podía pagar a plazos. Lo mismo sucedió con el coche, los muebles e incluso las hipotecas se hicieron mas elásticas como el sueldo que se estiraba aún más.


El asunto es que los dientes no son coches ni televisores, no son bienes de consumo sino receptores de servicios de cuidado sanitarios. Ese es el primer motivo por lo que no se puede pagar por adelantado un tratamiento dental.


Un segundo motivo es el modelo de cómo se financia este tipo de mercancía que se comercializa en las franquicias dentales. El producto que se compra y paga por adelantado debería de ser un producto fabricado y terminado para optar a la garantía. Pero la mercancía dental vista así es atípica. Debería de estar en garantía en el momento que se paga y no lo está. Encima no devuelven el dinero como debe de ser como producto en caso de problemas que surjan con el tratamiento realizado o producto vendido.


El problema es que la gente sigue pagando por adelantado un producto que no posee y que no tendrá hasta que finalice el tratamiento, sin poder optar a la garantía y con un crédito que lacera todos los meses su maltrecha economía. Los bancos y las empresas prestamistas no atienden a razones en caso de que no se les pague por un tratamiento que encima no está terminado y a veces ni empezado.


Puede que la solución pase por la llamada servitización ya que el modelo sanitario dental es un modelo a medio camino entre la fabricación y la economía de servicio.


Un dentista es un pequeño fabricante de bienes materiales como un empaste, un puente, una dentadura, un implante o unos alineadores. Además es un proveedor de servicios sanitarios que se encarga de restaurar la salud dental de los pacientes. El modelo implica fabricación y servicio.


Los dentistas antiguos cobraban como fabricantes de artículos que se pagaban al contado, pero ni de lejos se acercaban a los precios que alcanzan los tratamientos dentales hoy en día. Por ejemplo, un implante dental cuesta de media 1250 € que equivalen a 207.500 de las antiguas pesetas con las que cualquier paciente se hubiera colocado todos los dientes con coronas de porcelana.


Las franquicias comprendieron el problema y se lanzaron a ofrecer servicios a los productos de los dentistas a través de una publicidad que rozaba lo engañoso y una financiación a cómodos plazos. Pero la gente no leyó la letra pequeña. Cuando empezaron los problemas de demandas, (crecimiento excesivo de las empresas, mucha publicidad que no daba todos los frutos), las franquicias se resintieron y empezaron a caer una a una. Pero la gente sigue yendo a las franquicias porque lo que demandan es un servicio y no un producto, sin saber que las franquicias venden un producto de fabricación envuelto como servicio.


El problema sigue sin resolverse y es el paciente quien mas sufre ya que sigue siendo engañado por muchas franquicias. El tema está muy lejos de solucionarse.






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